Errores históricos de Gladiator

Gladiator es recordada como una de las mejores películas de “peplum”, o sea, cine relacionado con la cultura clásica. Tiene una factura impresionante, un notable nivel técnico y un argumento que, para qué negarlo, engancha en demasía. A pesar de sus decenas de licencias históricas.

historia de gladiator

Pero también es cierto que hay múltiples meteduras de pata, no ya de gazapos como un legionario con vaqueros o jeans en mitad de un duro combate contra los germanos, o la bombona del carro, sino de errores históricos serios.

No comprendo porqué no se filma una recreación realista de cómo combatía un ejército romano en la época, que me parece bastante más cinematográfica que cualquier invención de director. En primer lugar, las batallas siempre solían ser a campo abierto y en llanuras con algunas excepciones (por ejemplo, la del bosque de Teotoburgo, que fue más bien una emboscada). En segundo lugar, me parece más impresionante ver en la gran pantalla a una marabunta de vélites (infantería ligera romana armada con una jabalina y pieles de lobo) desplegándose desperdigadamente para hostigar al enemigo y colándose entre las propias filas para resguardarse cuando aquél avanza.

Aunque la mayoría de las jabalinas caían en tierra de nadie, el adversario solía ignorar que eso sólo era un entremés: ahora se adelantarían los asteros, reclutas más vetustos que los vélites que arrojaban mortíferas lanzas imposibles de sacar de los escudos llamadas “pilum”. Esta andanada horizontal de venablos después de acercarse a los bárbaros a la carrera y frenar en seco a menos de cincuenta metros me parece una imagen más evocadoramente épica que un montón de catapultas lanzando fuego griego a un bosque por el que pasarán tus jinetes.

Una vez lanzadas las pila, los legionarios desenvainaban sus gladius, espadas cortas que usaban para trinchar de un golpe perforante, sin florituras. Su otra gran arma era el escudo, que no se trataba de un objeto defensivo meramente pasivo, sino que servía para empujar al otro, cegarle, confundirle e incluso aturdirle de un leñazo. Más tarde se sumarían los principes a este damero, soldados con más experiencia y edad. En cambio, los triarios, los más veteranos de todos, se quedarían custodiando la retaguardia con lanzas largas, sin combatir ni un ápice. Cuando algo se ponía difícil, los romanos decían “la cosa llegó hasta los triarios”.

En la batalla del inicio de Gladiator vemos a un montón de arqueros disparando flechas incendiarias, balistas, escorpiones y maquinaria pesada de la ingeniería bélica romana intentando quemar un bosque lleno de simpáticos bárbaros, cual napalm en Vietnam. La “estrategia” en la peli es la siguiente: la artillería incendia un bosque, con fuego y esas cosas, y mete allí a los legionarios y a jinetes. Es decir.

El papel de la caballería está sobrestimado en el filme, es comprensible en una película de Alejandro Magno, donde las falanges estaban diseñadas para atraer y contener al persa mientras los caballeros y compañeros los remataban por la espalda, pero en Roma eran las legiones, los soldados de a pie, los que ganaban las batallas.

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